TLC, COMPETITIVIDAD Y TRABAJADORES
José Gómez Cerda
El ingreso de la República Dominicana al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y otros países centroamericanos ha sido presentado por los representantes gubernamentales y empleadores como un reto a la competitividad, pero ambos sectores han olvidado el papel protagónico que deben jugar los trabajadores organizados en éste proceso.
Los sectores gubernamentales y de empleadores que discutieron y proyectan esta alianza olvidan que las empresas, y si quieren llamar ahora CLUSTER, tienen dos componentes vitales, que son EL CAPITAL Y EL TRABAJO, y que para ser competitivos no basta el dinero, sino que es necesario incorporar a los productores de la fuerza del trabajo: los trabajadores.
Igual que para formar una familia es necesario y vital el hombre y la mujer, así también para crear una empresa son imprescindibles el capital y el trabajo; aunque actualmente los que representan el dinero pretendan determinarlo todo.
Ahora se toma en consideración la competitividad comercial, pero luego vendrá la competitividad laboral, para determinar los costos salariales, la seguridad social, los reajustes salariales, la libertad sindical, la formación técnica profesional y otros aspectos necesarios en ésta lucha desigual que tendrá el país para competir con el país más poderoso del mundo, y mejor equipado en materia de negociaciones.
Si los trabajadores dominicanos carecen de seguridad social, tendremos menos protección social y los gastos en salud serán mayores, lo cual restará eficacia en la producción laboral.
Si los trabajadores dominicanos tienen salarios más bajos habrá (como ahora existe) una gran diferencia entre la canasta familiar (costo de la vida), y los ingresos reales, disminuye el poder adquisitivo de los trabajadores, lo cual limita la capacidad de competitividad.
El TLC señala el respeto a los derechos elementales de los trabajadores, consagrados en los principales convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), pero los Estados Unidos no han firmado o refrenados esos acuerdos, lo cual es letra muerta para su cumplimiento.
El sindicalismo dominicano, aunque no lo aparenta, está insertado en los sectores dinámicos de la economía como son el turismo, zonas francas, transporte, comunicaciones, agropecuaria, etc. Lo cual lo hace representativo de muchos sectores, que deben participar activamente en todos los procesos de negociaciones, discusiones y conocimientos sobre lo que es el Tratado de Libre Comercio (TLC).
Hay que tener mucho cuidado en lo relativo al derecho de autor, en especial a las patentes que deben tener los productos nacionales para ser exportados a Estados Unidos, pues ahí existe una trampa grande, que permite a los norteamericanos patentizar o tener derecho de autores, de productos agrícolas que los productores nacionales no tienen acceso a conocer los mecanismos, y luego tendrán que pagar impuestos o derechos a quienes hayan patentizados esos productos agrícolas, lo que sacará de la competencia a los pequeños productores agrícolas nacionales.
La competitividad no es sólo comercial, es también social, y para eso debemos prepararnos.
La competitividad no es producto de una casualidad ni surge espontáneamente; se crea y se logra a través de un largo proceso de aprendizaje y negociación por grupos colectivos representativos que configuran la dinámica de conducta organizativa nacional, como los empresarios, los gobiernos, técnicos, especialistas y el sector productivo, entre ellos los trabajadores.
Si el país no consigue mejorar su competitividad y productividad se generaría un círculo vicioso; bajará la producción, aumentaría el desempleo, bajarán las exportaciones: aumentará la importación y caerá la economía.
Muchos defensores del TLC que ahora sólo tienen la visión de que el país tendrá ocasión de llegar a millones de consumidores, se sorprenderán cuando el país sea convertido solo en consumidores, y que los productos nacionales sean sacados de competencia por productos extranjeros, no sólo norteamericanos, sino también centroamericanos.
En esta etapa actual, los países buscan elevar índices de productividad, lograr mayor eficiencia y brindar un servicio de calidad, lo que está obligando a que se adopten modelos de administración participativa, tomando como base central al elemento humano, los trabajadores, desarrollando un trabajo en equipo, para alcanzar la competitividad y responder de manera idónea la creciente demanda de productos de óptima calidad y de servicios a todo nivel, cada vez mas eficiente, rápido y de mejor calidad. Es necesario conocer la técnica de los círculos de calidad.
Las empresas multinacionales, que aparentemente están tranquilas en éste proceso, se preparan para acaparar el mercado nacional, como lo han hecho siempre y en todos los lugares, y están dispuestos a sacar de competencia a los productores nacionales.
Un peligro inminente es la competencia de productos orgánicos nacionales frente a los productos con Organismos Genéticamente Manipulados (OGM), donde los norteamericanos han sacado del mercado a más del 25% de los productos agrícolas del tercer mundo, entre ellos, a la caña de azúcar dominicana que fue reemplazada por el sirop o jarabe de maíz, con OGM, que luego nos han obligado a cambiar acuerdos del Congreso y presidencial para aceptar ser consumidores de ese jarabe de maíz.
Los parámetros sociales de la competitividad son importantes en éste proceso, aunque los responsables de las negociaciones no lo hayan tomado en consideración.
Un instrumento principal respecta a la investigación. Su objetivo es crear un espacio de investigación, como visión de futuro de la investigación, con perspectiva a la excelencia científica, a una mayor competitividad e innovación a través del fomento de la cooperación reforzada, a una mayor complementariedad y a una mejor coordinación entre los actores pertinentes en todos los niveles, incluyendo a los trabajadores.
En éste proceso de competitividad tarde o temprano los gobiernos y los empleadores se darán cuanta que necesitan el aporte de los trabajadores para sus objetivos…
José Gómez Cerda
Marzo 2007