EL PADRE LACORDAIRE

José Gómez Cerda,

Presidente de la Asociación Dominicana de Periodistas y escritores (ADPE)

 

jose.gomezc@verizon.net.do

CAPITULO II

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Henri Lacordaire nació el 12 de mayo de 1802, estudió Derecho en París, se hizo abogado en una etapa de incredulidad, interesado en la historia y las ciencias sociales, pero habiendo leído « El Genio del Cristianismo », de Chateaubried se convirtió en la fe en 1823, abandonó su profesión, ingresó al Seminario y el 22 de septiembre de 1827 se ordenó sacerdote.

Para ese época la religión católica se concentraba en la Teología, los Dogmas religiosos y la Liturgia, muy poco se trataban los temas sociales. Los Principales objetivos eran como salvar el alma y defender a la Iglesia de los ataques de los enemigos, que eran muchos después de la Revolución Francesa. Pero a él le preocupaba también como defender al prójimo de las injusticias sociales.

El clero francés estaba atrapado en las redes del gobierno, y Lacordaire decidió radicarse en el extranjero y proyectó marcharse a Estados Unidos para conocer la democracia en el Nuevo Continente, pero la Revolución de Julio de 1830 lo hizo cambiar de planes y se quedó en Francia.

Entró en contacto con el sacerdote Robert Lamennais y el 16 de octubre de 1930 fundaron el periódico “L’Avenir” ( El Porvenir), junto con Carlos Renato Montalembert. Trazaron un programa sobre el pensamiento social cristiano. “El Porvenir” tuvo un gran impacto en la opinión pública, abogaba por la renovación de la Iglesia, lo que despertó recelos dentro de los mismos católicos, luego el periódico fue cerrado y reprobado por el Papa.

Cuando la jerarquía desaprobó el periódico “El Porvenir”, Lacordaire acató la decisión, pero Lamennais se reveló, y luego ellos se separaron, fue un largo tiempo de incomprensión y soledad. Por una parte los seguidos de Lamennais se alejaron de Lacordaire y los que atacaban a su ex-compañero lo acusaban de mantener la mismo política social.

Lacordaire tenía un gran respeto por la opinión pública, decía que el oficio de la pluma es duro, pero la prensa es una fuerza poderoso que se puede dejar al abandono. Escribía para la gloria de Jesucristo.

“Una gota de agua que llega al mar, contribuye a crear el río, y el río no muere”.

En febrero de 1831 una turba enardecida saqueó la Catedral de Notre-Dame, incendiaron el Palacio Episcopal, la situación era muy difícil.

Durante un tiempo el Padre Lacordaire fue Profesor del Colegio Stanislas de París, sus cátedras no eran exclusivas para los estudiantes, asistían además profesores de otras facultades y personas deseosas de escuchar sus conferencias.

Lacordaire sublimó el romanticismo de su época, supo encontrar la oratoria adecuada para conmover al auditorio que lo escuchaba, en una generación que era escéptica, pero buscaba lo divino y lo humano.

El deseaba explicar su pensamiento sobre los derechos, los efectos y las reivindicaciones de los hombres y los pueblos, su pensamiento sobre la libertad, el progreso, el salario y el capital, que para esa época eran las cosas modernas.

Lacordaire consideraba que el cristianismo debe brindar felicidad a los hombres, paz a las naciones y progreso a la humanidad, que la libertad que Cristo trajo al mundo es para la igualdad y la fraternidad.

Esas cátedras, que tanto entusiasmaban a jóvenes estudiantes y profesores fueron suspendidas por orden del gobierno francés… apoyado por la Jerarquía de la Iglesia. Las acusaciones eran que el contenido de su oratoria “era capaz de trastornar el juicio de la juventud”, y que él era “ un predicador de novedades peligrosas, además que él quería expresar oralmente las mismas ideas que le fueron prohibas publicar                    ( refiriéndose al Periódico “El Porvenir”).

En mayo de 1833 escribió un libro titulado “ Consideraciones sobre el Sistema Filosófico de Lamennais”, refutando algunos criterios de su ex-compañero, así el discípulo juzga al maestro con severidad.

“Hay instantes en los cuales la duda me invade, en que lo fecundo se torna estéril, lo que habíamos juzgado grande no resulta más que una sombra de la realidad.

Todo se derrumba a mi alrededor y me encontré en la necesidad de recoger los restos de una cierta energía natural para salvarme de la desesperación”.

 Lacordaire se encontró con el joven Federico Ozanam, este se interesó en la reincorporación de Lacordaire a la cátedra, a las conferencias, al púlpito. Junto con otros amigos hizo todas las gestiones posibles por su amigo.

 El 5 de marzo de 1835,el Padre Lacordaire volvió a hablar desde el púlpito, esta vez en la Catedral de Notre-Dame, con más de 6.000 personas como auditorio, entre ellos Alejandro Dumas, Balzac, Chateaubrid, Lamartine, Montalembert, Ozanam, Victor Hugo, Tocqueville, Ampére, Considerant, Cochin, en fin, la intelectualidad francesa de la era.

“Dios se sirve de los pequeños para hacer grandes cosas”

 Su prédica armonizaba la palabra con la inteligencia, hacía vibrar las fibras espirituales de la intelectualidad, y muchos que no eran católicos iban a nutrirse de la sabiduría de este sacerdote que conmovía con sus palabras. Una síntesis de sus conferencias eran publicados en el periódico “El Universo”, redactadas por Federico Ozanam. Aquellos que no asistían a las cátedras se mantenían informados por la prensa.

 En 1836 Lacordaire decidió marcharse a Roma, ingresó a la Orden de Santo Domingo ( Dominicos), recibió el hábito de esa orden en 1938 , regresó a Francia en 1840 para restablecer la Orden de los Predicadores , que había sido abolida durante la Revolución Francesa.

 En 1841 publicó “La Vida de Santo Domingo”, luego “Cartas sobre la Santa Sede”, en respuesta al libro de Lamennais “Los Asuntos de Roma”, también escribió “Memorias para Restablecer la Orden de los Predicadores” y “ Cartas a los Jóvenes”.

 Con el hábito de “Dominico” se enfrenta al Gobierno y logra restaurar esa orden religiosa después de haber estado proscrita por casi 50 años. Durante algún tiempo su labor estuvo dedicada a promover y despertar vocaciones sacerdotales para los Predicadores.

 En 1845 reanudó sus célebres conferencias en la Catedral de Notre-Dame. Su oratoria hizo despertar nuevamente el interés a la Iglesia de parte de sectores jóvenes, estudiantes, profesores y profesionales, quienes disfrutaban de los mensajes del Cristianismo que ofrecía Lacordaire, quien consideraba que el progreso social debe ser apoyado por la Iglesia de Cristo.

 En 1848 se produjo en Francia una revolución, como resultado del hambre, el desempleo y la miseria, ligada a la negativa del Rey Luis Felipe I a extender el derecho del sufragio; se proclamó la II República que decretó el sufragio universal y convocó a una Asamblea Constitutiva. Estos acontecimientos políticos involucraron a muchos católicos sociales, entre ellos a Lacordaire.

 Junto con Federico Ozanam, el Padre Maret, Charles Coux y otros católicos sociales, el Padre Lacordaire fundó el periódico L’Ere Nouvelle (La Nueva Era), del cual fue su primer Director. En seis días tenían 3.200 suscriptores y llegaron a vender 20.000 ejemplares en las calles.

 Los ideales que sustentaron al anterior periódico “El Porvenir” sirvieron de base y como fermento para la creación de un movimiento político democrata-cristiano, dirigido por laicos y religiosos, entre ellos se destacaban Federico Ozanam y al Padre Lacordaire. Este movimiento es el pionero y precursor de la actividad política de los cristianos sociales.

 “EL PARTIDO DE LA CONFIANZA”, así se llamó el movimiento Democrata-Cristiano. En su programa defendía la legitimidad de la República, apoyo a los proyectos democráticos del gobierno, llevar representantes cristianos a la Asamblea Nacional Constituyente, además defender la Justicia Social, la Libertad Política y religiosa, así como la familia como base de la sociedad.

 En las elecciones de abril de 1848 varios cristianos sociales resultaron electos para integrar la Asamblea Nacional. El Padre Lacordaire, sin presentarse como candidato, salió electo en representación de París, y de Marsella; también resultaron electos Montalembert y Tocqueville, otros católicos sociales. Lacordaire se sentó a la izquierda donde encontró a su ex-compañero Lamennais. Unos meses después Lacordaire renunció a su cargo de Diputado, luego también renunció a la dirección del periódico La Nueva Era.

 Desde 1848 a 1853 Lacordaire vivió en la Comunidad de la Orden de los Predicadores, en el Convento de Saint Joseph des Carne, luego abandonó París para hacerse cargo del Colegio de Sorense.

 Fue superior de los Dominicos de Francia por dos periodos ( 1850-54 y 1858-61); él se interesó en renovar el Tomismo, la doctrina de Santo Tomás de Aquino.

 Lacordaire fue Miembro de la Academia Francesa, es considerado el mejor orador sagrado de Francia, falleció el 20 de noviembre de 1861. Su verbo, su pluma y su ejemplo de hombre cristiano comprometido con lo social ha servido de modelo dentro del cristianismo social.

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INDICE LIBRO. 

José Gómez Cerda. Doctrina Social Cristiana

José Gómez Cerda. Social Cristianismo

José Gómez Cerda. Democracia Cristiana

José Gómez Cerda,

Presidente de la Asociación Dominicana de Periodistas y escritores (ADPE)